Conciertos
Lo mío no es exactamente un concierto
— por Paco Pecado
No sabría decir con exactitud qué es lo que sucede en mis directos. Tienen algo de música, sí. Pero también algo de ceremonia, de catarsis, de teatro… Lo que sí sé es que en el escenario me permito ser, sin artificio, sin miedo, sin escudo. Y quizás por eso, el público también se permite sentir.
No pretendo ofrecer un espectáculo impecable. Lo que ocurre no está previsto del todo porque necesito sorprenderme a mí mismo, encontrar margen para el error, para la interrupción y para la emoción… me interesa más la verdad que la perfección.
No es exactamente una provocación
No hace mucho me caí del escenario y muchos creyeron que había desfallecido. No fue más que un tropiezo, pero ese instante quedó cargado de una veracidad inesperada que ninguno de los presentes olvidará jamás.
En mi show no hay garantías: puedes emocionarte o no entender nada, puedes repudiarlo o marcharte a mitad, y está bien. No busco adhesión unánime. El arte, cuando es de verdad, no está obligado a gustar. Basta con que exista, con que provoque algo: una pregunta, un rechazo, un estremecimiento…
Provocar no es incomodar por el gusto de hacerlo. Es poner un espejo en el lugar donde más incomoda mirarse. Yo no provoco porque me sobre, sino porque me falta. Porque me falta espacio para decir lo que en otros lugares no se permite. Y en escena, con la música como aliada, puedo permitirme decirlo todo.
No es exactamente sencillo de etiquetar
Mis canciones no están pensadas para que me quieran, sino para nombrar lo que a veces ni yo mismo comprendo. Las canto no para enseñarlas, sino para entenderme. Y si, en el camino, te reconoces en ellas, entonces tú y yo seremos amigxs.
Lo que os propongo no es sencillo de etiquetar: soy de la risa y de la lágrima, del exceso y de la exageración pero también de la ternura. Pero si de algo soy fervientemente es de la presencia. Tengo una voluntad clara de estar aquí, en cuerpo y alma, sin fingir. Y aunque a veces se me escape el rumbo, nunca pierdo la intención.
No sé si lo que hago es inolvidable, pero sí sé que lo entrego todo, que lo que ocurre es real. Y, en tiempos de tanto ruido, eso ya es bastante.